Mostrando las entradas con la etiqueta Cuentos y Poemas ajenos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cuentos y Poemas ajenos. Mostrar todas las entradas

1.25.2007

Orwell


El Horror, el horror, retumba a través de su obra
por
Roberto Gerhard Tuma

Introducción
En este ensayo pretendo hacer un esbozo de la vida y obra de George Orwell, el famoso novelista, ensayista y crítico británico cuya obra es producto no sólo de los tiempos que vivió, sino de la lucidez con que confrontó su realidad. Conocer la historia y las experiencias que lo marcaron es imprescindible para aquilatar el valor de su obra.

Con este objeto, presento a continuación una breve biografía del autor y los momentos culminantes de su vida, al igual que algunos conceptos que maneja constantemente a través de su obra y que proceden –a mi personal entender- del conocimiento del hombre y su capacidad para aceptar y asumir la injusticia, hecho que lo decepciona y horroriza. Finalmente, agrego algunas conclusiones personales sobre él, su vida y los eventos mundiales que lo rodearon.

Momento Histórico:
George Orwell, nació el 25 de junio de 1903 en Motihari, Bengala, bajo el nombre de Eric Arthur Blair, y falleció en Londres el 21 de enero de 1950. Por la fecha de su nacimiento y el lugar en que nació, conoció el imperialismo, vivió la primera y segunda Guerras mundiales, la Revolución Rusa, el surgimiento de los regímenes totalitarios (comunismo y fascismos) y finalmente el comienzo de la Guerra Fría.
Le tocó vivir la lucha más encarnizada entre los que defendían el ideal comunitarista y el ideal liberal. Durante el siglo XIX, el liberalismo había guiado al mundo hacia una situación de marcadas diferencias sociales, provocadas por la brutal explotación de la burguesía al proletariado. Esa desigualdad, tan atroz, puso en riesgo al mismo Estado, que en un momento dado se limitó a funcionar como policía de la gente que ni era igual ni era libre, ya que no tenía las mismas posibilidades para materializar sus deseos.
Para cambiar esta realidad el Estado se defendió a sí mismo con un discurso de igualdad (que era nula en el liberalismo) y que sólo se pudo alcanzar cuando limitó las libertades y aumentó así su poder hacia el interior (ejemplos de esta situación son el comunismo y el fascismo). Al final de este siglo vemos que los fascismos perdieron ante las democracias después de la Segunda Guerra Mundial y el comunismo fracasó para el final del siglo XX.

Su vida en pocas palabras:
Hijo de una familia típica de clase media inglesa, a la cual Orwell describió en tono irónico como “lower-upper-middle class”, refiriéndose a que no perteneció a la clase alta pero que fue educado como si hubiera pertenecido a ella. Nació fuera del país, pues su padre tenía un puesto como agente del Departamento de Opio del servicio civil de la India (país que se encontraba bajo el dominio de la corona inglesa).
Ocho años después de su nacimiento la familia regresó a Inglaterra donde, como nos narra Orwell en Such, Such were the Joys, tuvo su primer acercamiento con un régimen totalitario al ingresar con una beca a la escuela privada de St. Cyprians. Esta situación fue muy estresante pues los maestros constantemente le recordaban su situación de becado haciéndole sentir que le hacían un favor al permitirle estudiar ahí.
Después de St. Cyprians obtuvo una beca en el prestigiado colegio Eton donde estudió literatura y publicó por primera vez en el periódico escolar, sin embargo a diferencia de la mayoría de sus compañeros, al terminar sus estudios no se dirigió a Oxford o Cambridge sino que se incorporó a la Policía Imperial en la India durante el periodo de 1922-1927.
Fue una de la experiencias importantes de su vida, porque ahí desarrolló su aversión por la opresión del hombre sobre el hombre (llámese imperialismo, comunismo, fascismo), condición que repudió a lo largo de su obra.
Regresó a Europa, asqueado de haber trabajado para un sistema político en el que ya no creía, un sistema que se mantenía gracias a la opresión de los coolies[1] y los obreros de su país. Tomó la drástica decisión de irse a vivir entre los pobres, primero en Londres y luego en París. Decidió hacer esto porque para él los pobres eran las víctimas de la injusticia, además para superar la repulsión que sentían los de su clase hacia estas personas. Estas experiencias le sirvieron de base para escribir “Down and out in London and Paris” (1932) obra de gran importancia porque es la primera vez que se presenta bajo el seudónimo de “George Orwell”[2] y porque en esta obra aflora una de las características que lo identifican: mostrar la realidad de manera objetiva con toda su crudeza; misma que en su tiempo escritores y lectores preferían esquivar.

En 1936 fue un año crucial para Orwell por los eventos que se sucedieron: entró en contacto con los obreros ingleses, se casó y comenzó la Guerra Civil Española. Fue a principios de este año cuando le pidieron a Orwell que viajara a la zona industrial del norte de Inglaterra para documentarse y realizar un ensayo para una revista de izquierda. Fue aquí cuando Orwell se dio cuenta del gran abismo que existía entre la realidad de los obreros ingleses y el discurso de los políticos de izquierda ingleses que evidentemente no partía de un verdadero sentimiento socialista ni estaba consciente de las necesidades de los obreros. Orwell narró esta incongruencia y criticó la falta de realismo en la obra que resultó de esta experiencia “The Road to Wigan Pier” y en muchas más como “England Your England”.

En este mismo año, se casó con Eileen O’Shaughnessy y al estallar la Guerra Civil Española viajó a Barcelona a reportar la situación. Esta fue una ciudad que marcó su vida porque cuando llegó y vio la organización social sin clases que habían logrado instaurar los anarquistas catalanes se apasionó del ideal de una sociedad como esta. Se identificó tanto que entró a las filas del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) y combatió en el frente donde resultó herido en la garganta. Ante esta situación tuvo que regresar a Inglaterra no sin antes pasar por Barcelona. Para su pesar vio que de nuevo habían surgido las clases, más bien, que en realidad nunca habían desaparecido. Se podría decir que de España se llevó lo blanco y lo negro, por un lado el ideal y la esperanza por los que luchó y por otro lado la tristeza y decepción de comprender que siempre habrá clases, opresores y violencia.
Finalmente regresó a Inglaterra donde en 1938 se enfermó de tuberculosis, enfermedad con la que tuvo que luchar hasta su muerte en 1950. En este periodo adoptó un hijo, escribió y publicó “Animal Farm” y “1984” obra escrita en 1948 pero que se publicó en 1949.

Ideas del autor:
A lo largo de las obras de Orwell que pude leer, hallé cinco ideas que me llamaron la atención y que me parece se repiten o se presentan constantemente a modo de advertencia.
1) El control sobre la historia:
Orwell advierte sobre el papel que juega la historia en la memoria de la gente y el mal uso que le puede dar el Estado para alcanzar un fin político. Esta idea se ve claramente en 1984 cuando O’Brian le dice a Smith[3] “quien controla el pasado controla el futuro y quien controla el presente controla el pasado”[4]. Ejemplos de esta situación se pueden ver cuando en Rebelión en la Granja los cerdos cambian las reglas y engañan a los demás animales haciéndoles pensar que estas siempre habían sido así. Por ejemplo una regla leía en un principio: “Todos los animales son iguales.”[5] cambió a “Todos los animales son iguales pero algunos son más iguales que otros.”[6]
También en 1984 cuando el gobierno debe reducir la ración de chocolate que habían ofrecido aumentar, por lo tanto, para que esta situación no provocara descontento se encomienda a Smith la tarea de cambiar las cifras dadas en el periodo anterior y que así no pareciera una corrección sino que era algo que siempre había estado previsto.

2) El lenguaje:
Yo creo que para Orwell, el pensamiento es determinado por el lenguaje, por lo tanto en 1984 cuando el Estado corrompe el lenguaje, no sólo hace eso sino que a través del lenguaje también corrompe el pensamiento, de tal manera que al eliminar ciertas palabras del vocabulario o cambiar su significado evita que los individuos desarrollen ideas subversivas. Esto se ve claramente con la idea de “neolengua” y “doble pensar”, por ejemplo cuando le comenta Syme a Smith “¿No ves que la finalidad de la neolengua es el limitar el alcance del pensamiento, estrechar el campo de acción de la mente?”[7]

3) La familia:
Tanto en 1984 como Rebelión en la Granja podemos ver que las relaciones intrafamiliares son absorbidas y corrompidas de tal manera que los mismos miembros de la familia actúan como espías entre sí o como agentes al servicio del gobierno. Pueden verse ejemplos de estas situaciones en ambas novelas. En 1984 los niños se comportan como espías quienes, en más de una ocasión, delatan a los padres ante el gobierno por sus ideas heterodoxas.
Con aquellos niños, pensó Winston, la desgraciada mujer debía llevar una vida terrorífica. Dentro de uno o dos años sus propios hijos podían descubrir en ella algún indicio de herejía. Casi todos los niños de entonces eran horribles. Lo peor de todo es que esas organizaciones, como la de los Espías, los convertían sistemáticamente en pequeños salvajes ingobernables, y, sin embargo, este salvajismo no les impulsaba a rebelarse contra la disciplina del Partido.[8]
En el caso de Rebelión en la Granja esto sucede cuando los cerdos toman el cuidado de los cachorros y los educan de tal forma que cuando crecen desconocen a su madre y sólo defienden a los cerdos.

4) El poder:
Esta idea también esta presente en ambas obras, aunque en 1984 la referencia es más específica: “El partido quiere tener el poder por amor al poder mismo[...] El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo”[9].
Para Rebelión en la Granja el poder no es una idea explícita pero de manera implícita nos permite concluir “que la fuente del abuso no esta sólo en la posesión de la riqueza sino, al mismo tiempo –y quizá sobre todo- en el ejercicio del poder, de todo poder. Es otra de las moralejas del libro: el poder lo corrompe todo, incluida la revolución.”[10]
De esta manera Orwell nos lleva a la misma conclusión de Lord Acton en donde “el poder corrompe pero el poder absoluto corrompe absolutamente”.

5) La opresión:
La opresión, esencialmente la opresión de un ser humano en manos de otro ser humano, llámesele stalinismo, nazismo, fascismo, imperialismo, comunismo, etc. A través de toda su obra esta es verdaderamente una de las ideas centrales y sobre la que describe de manera aterradora. En 1984 la frase que mejor expresa la opresión es “Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente.”[11] En “Shooting an elepahant”, uno de sus primeros ensayos, otra frase que habla y acusa sobre esta opresión es:
Theoretically –and secretly, of course- I was all for the Burmese and all against their oppressors, the British. As for the job I was doing, I hated it more bitterly than I can perhaps make clear. In a job like that you see the dirty work of the Empire at close quarters.[12]

Conclusiones:
Durante mi ensayo me pude dar cuenta de muchas cosas, entre ellas que este fue un gran hombre que tuvo el valor de defender sus ideales y vivir de acuerdo a sus convicciones hasta donde le fue posible. Un hombre que siendo de izquierda tuvo el valor de criticar al comunismo a pesar de las consecuencias que eso le provocaría (como ser catalogado de fascista). Fue un hombre que puso sus convicciones por encima del terror al régimen, que decía representar el ideal socialista, y del que expuso la verdad.
Me parece que su crítica va más allá de los regímenes, critica las utopías en general y la manera simplista con la que pretenden solucionar al mundo. Él abogaba por soluciones prácticas y relacionadas con la realidad.
A través de estas ideas que analicé y después de haber estudiado sus experiencias y ponerlas en contexto, creo que fue una persona que vio el lado oscuro del ser humano; mismo del que se horroriza Kurtz en El corazón de las tinieblas. Por lo mismo, escribe sobre este horror que puede alcanzar al hombre si no esta consciente de los abismos a los cuales es capaz de caer; y su propósito es el de concienciar al ser humano de esta capacidad destructora que estará siempre latente en su interior, sonando primitivamente como tambores lejanos pero constantes, llevando el ritmo de la historia, que no es otro que el ritmo de la violencia.

Bibliografía:
Conrad, Joseph, El corazón de las tinieblas, (Madrid: Santillana, 1999)
Garton Ash, Timothy, “Por qué ser orwelilianos”, en El País. 16 de junio de 2001. pp Babelia 2-4
Kuppig, C.J. Nineteen Eighty-Four to 1984, (New York: Carroll &Graf, 1984)
Orwell, George, 1984, (Barcelona: Destino, 1974)
Orwell, George, Inside the Whale and other Essays. (Harmonsworth: Penguin Books, 1984)
Orwell, George, Rebelión en la Granja. (Barcelona: Destino, 1998)
Vargas Llosa, Mario, “Socialista, libertario y anticomunista”, en Letras Libres. 12/12 (2000), pp. 30-34
Anexo
George Orwell
(1903-1950)
Momento Histórico
1914-1918 (1era Guerra Mundial)
Revolución Rusa (1917-1920 triunfo de los Bolcheviques)
1922-1943 Benito Mussolini (Fascismo Italiano)
24/11/29 Jueves Negro, comienza la gran depresión.
1929-1953 Stalinismo
1933-1945 Hitler llega al poder (Nazismo)
1936-1939 Guerra Civil Española
1939-1945 Segunda Guerra Mundial (6 de agosto del 45 bomba de Hiroshima).
1946 Primera sesión de las naciones unidas en Londres el 10 de enero
1949 Se proclama la República Popular de China
1950 Comienza la guerra de Corea el 25 de junio.

Breve resumen de su biografía:
1903 Nace como Eric Arthur Blair el 25 de junio en Motihari, Bengala
1911-1921 Regresa a Ing. y estudia en St. Cyprians y en el Eton.
1922-27 Trabaja como policía en Birmania.
1928-31 Regresa a Europa y decide vivir entre los pobres.
1933 Publica Down and out in Paris and London toma el seudónimo de G. Orwell.
1934 Trabajó vendiendo libros y escribiendo
1935-37 Días en Birmania, La hija del reverendo, El camino al muelle Wigan. Es en esta misma época cuando se casa por primera vez y parte a España.
1938 Se enfermó de tuberculosis.
1944 Adoptó un hijo.
1945 Publicación de Animal Farm.
1947 Hospitalizado por tuberculosis.
1948 Regresa a su hogar y escribe 1984, recae.
1949 Se publica 1984.
1950 Muere en Londres.


Notas:
[1]Coolie: manera despectiva para referirse a los nativos indios obreros.
[2]Las razones por las que tomó el seudónimo van más allá de lo estético o lo artístico, porque como él ya se había empezado a formar una cierta reputación con el nombre de E. Arthur Blair, no sabía como iban a aceptar la novela por lo tanto usó es seudónimo y si gustaba lo podía seguir usando.
[3]Winston Smith es el protagonista de la novel y su antagonista es O’Brian. De hecho la labor de Smith dentro del gobierno es la de alterar el pasado, cambiando los datos en periódicos pasados.
[4]Orwell, George, 1984, (Barcelona: Destino, 1974). p 268.
[5]Orwell, George, Rebelión en la Granja. (Barcelona: Destino, 1998).p 71.
[6]Ibid., p 181
[7]Orwell, 1984, op. cit., p. 61.
[8]Ibid., p 31.
[9]Ibid., pp 277-278.
[10]Vargas Llosa, Mario, “Socialista, libertario y anticomunista”, en Letras Libres, 12/12 (2000), p. 34.
[11]Orwell, 1984, op. cit., p 282.
[12]Orwell, George, Inside the Whale and other Essays. (Harmonsworth: Penguin Books, 1984), p.91.

Buendía calzando botas de Bolivar

Un Buendía en las botas de Bolívar
A propósito de Gabriel García Márquez, El general en su laberinto. México, 1989, 287pp.

Roberto Gerhard Tuma
CIDE

Esta novela es una verdadera joya en la que se encuentran dos de los personajes más emblemáticos, reconocidos y respetados de América Latina. Una de las plumas más reconocidas en el mundo y de los mayores exponentes del “boom” latino-americano lleva a cabo la labor de narrarnos los últimos días de la vida del gran libertador de América.

Supongo que ésta fue una labor doblemente difícil para García Márquez porque el general fue un hombre con una gran personalidad; al mismo tiempo el autor es alguien con una clara personalidad y estilo, mismos que impregnan todas sus novelas. Por lo tanto enfrentó la difícil labor de apropiarse del personaje, para poder narrar la historia de una manera verosímil, pero al mismo tiempo tuvo que presentarnos a un Bolívar y no un Buendía. El autor debería evitar devorar y ser más grande que el personaje.

García Márquez narra el último viaje del general Simón Bolívar. Creo que fue una brillante decisión tomar esta etapa de su vida ya que es la menos documentada y por lo tanto la que le da mayor libertad creativa. Además, también es una decisión brillante porque elige el momento en el que este hombre tan importante para el continente está al final de sus días y el continente se está hundiendo en una tempestad de caos. Una situación así se presta para que el general tenga reflexiones verdaderamente amargas, frases estupendas, recuerdos entrañables, una última pasarela de amantes y una triste predicción para el futuro de su patria.

En términos históricos el autor realiza una gran labor para evitar caer en contradicciones y anacronismos. Sin embargo creo que el gran aporte de la novela va más allá de fechas y personajes, logra transmitir una cultura, un ambiente, una región y un sentimiento respecto a la época que se vivió. Es verdaderamente en estos detalles donde resplandece la gran mente creativa del premio Nóbel colombiano. Conforme el general atraviesa selvas, ríos y montañas, la pluma de Márquez no hace estar ahí, tiene el don de transmitir el calor y la humedad, los mosquitos, los gallos cantando en las mañanas y las calles desiertas de los pueblos chicos solamente pobladas por perros que toman el sol mientras éste se esconde en el ocaso. Esto es muy importante porque transmite perfectamente el ambiente, y para aquellos lectores que no han vivido en un país así les ayuda a tener una idea de lo que es la vida acá. Otro mérito de la obra es cuando habla sobre las frutas y la comida de la región a través de la cual se puede ver la influencia y la ilusión de “clase” europea que al mismo tiempo coexiste y se mezcla en la cocina con alimentos más tradicionales de la región.

También, logra transmitir con gran éxito el sentimiento de anarquía y de estabilidad que marcó a la región durante la primera mitad del siglo XIX. La belleza de esto es que nos lo cuenta a través de los ojos del gran libertador, por eso sus últimas reflexiones son tan amargas. Mientras avanza Bolívar las noticias de levantamientos en las diferentes regiones le llegan de todas partes. De manera superficial también logra enmarcar el conflicto entre Sucre y Bolívar sobre si los gobernantes pueden o no romper las leyes. Lo que ponía en conflicto a estos dos actores son los formalismos de la legalidad, que Sucre cumplía, mismos que alentaban cualquier proceso cuando Bolívar necesitaba resoluciones inmediatas que atañían a la guerra.

Este conflicto se enmarca en un debate más grande que vivió, y todavía vive la región. Me refiero al discurso de firme apego a la ley y por otro lado la política subrepticia que logra sacar la vuelta a la ley y llegar a acuerdos a través de los cuales manejan la verdadera política. Por lo tanto la práctica del poder no siempre se ha apegado al derecho y siempre han existido prácticas extraoficiales.
No es por azar que la novela se llame El general en su laberinto, me da la impresión que se refiere al laberinto en el que se encuentra perdido el continente el cual a los ojos del general perdió el rumbo. Inclusive el mismo general se perdió en el laberinto de los recuerdos que lo atormentan y confunden en la víspera de su muerte. Y también se podría hablar de un laberinto de la ideología. Pareciera que el general y la gente pensaban que si lo perdían a él perdían el rumbo.
Finalmente, la idea de un laberinto transmite el sentimiento de soledad y confusión, mismo sentimiento que esta presente a lo largo de la obra de García Márquez, como es el caso de El coronel no tiene quien le escriba, Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera. Así como el general muere perdido y desencantado pareciera que el continente compartiría la suerte de su libertador y ambos se harán compañía en el laberinto de los tiempos. Por lo tanto, a pesar de que nos presenta un Bolívar, a veces uno no puede evitar sentir que se trata de un Buendía.

10.13.2006

Explicación

Esto es casi todo lo que he hecho en los últimos meses. Una aclaración sobre los poemas, también busqué alguno que otro sobre amistad pues en ese momento uno de mis amigos más queridos también pasaba por un momento difícil y buscaba algo que hablara sobre el significado de la amistad y de seguir luchando.

Selección de Poemas

Esta es una slección de poemas que encontré cuando me sentía la persona más miserable del mundo. Acababa de hablar con una chica por la que me moría, supongo que todavía me muero por ella, pero esa tarde que hablamos fue definitivo que no tenía ningún interés en mí. No pude hablarlo con nadie, todo el día sentí como si me hubieran sacado el aire; y no fue hasta meses después que me topé con estos poémas que plasmaban perfectamente la manera en la que me sentí durante varios meses. En fin, si quieren se los pueden saltar.

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar en un panteón.
Jaime Sabines, Espero Curarme de ti

He aquí que tú estás sola y que yo estoy solo. Haces cosas diariamente y piensas y yo pienso y recuerdo y estoy solo. A la misma hora nos recordamos algo y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya somos, y una locura celular nos recorre y una sangre rebelde y sin cansancio. Se me va a hacer llagas este cuerpo solo, se me caerá la carne trozo a trozo. Esto es lejía y muerte. El corrosivo estar, el malestar muriendo es nuestra muerte.
Yo no sé dónde estás. Yo ya he olvidado quién eres, dónde estás, cómo te llamas. Yo soy sólo una parte, sólo un brazo, una mitad apenas, sólo un brazo. Te recuerdo en mi boca y en mis manos. Con mi lengua y mis ojos y mis manos te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne, a siembra, a flor, hueles a amor, y a mí. En mis labios te sé, te reconozco, y giras y eres y miras incansable y toda tu me suenas dentro del corazón como mi sangre. Te digo que estoy solo y que me faltas. Nos faltamos, amor, y nos morimos y nada haremos ya sino morirnos. Esto lo sé, amor, esto sabemos. Hoy y mañana, así, y cuando estemos en estos brazos simples y cansados, me faltarás, amor, nos faltaremos.
He aquí que tu estas sola y yo estoy solo, Jaime Sabines

Me doy cuenta de que me faltas y de que te busco entre las gentes, en el ruido, pero todo es inútil. Cuando me quedo solo me quedo más solo solo por todas partes y por ti y por mí. No hago sino esperar. Esperar todo el día hasta que no llegas. Hasta que me duermo y no estás y no has llegado y me quedo dormido y terriblemente cansado preguntando. Amor, todos los días. Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta. Puedes empezar a leer esto y cuando llegues aquí empezar de nuevo. Cierra estas palabras como un círculo, como un aro, échalo a rodar, enciéndelo. Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas, en mi garganta como moscas en un frasco. Yo estoy arruinado. Estoy arruinado de mis huesos, todo es pesadumbre.
Me doy cuenta de que me faltas, Jaime Sabines




Me dueles. Mansamente, insoportablemente, me dueles. Toma mi cabeza, córtame el cuello. Nada queda de mí después de este amor.
Entre los escombros de mi alma búscame, escúchame. En algún sitio mi voz, sobreviviente, llama, pide tu asombro, tu iluminado silencio.
Atravesando muros, atmósferas, edades, tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto) viene desde la muerte, desde antes del primer día que despertara al mundo.
¡Qué claridad tu rostro, qué ternura de luz ensimismada, qué dibujo de miel sobre hojas de agua!
Amo tus ojos, amo, amo tus ojos. Soy como el hijo de tus ojos, como una gota de tus ojos soy. Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme, del suelo, de la sombra que pisas, del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños. Levántame. Porque he caído de tus manos y quiero vivir, vivir, vivir.
Me Dueles, Jaime Sabines

No es que muera de amor, muero de ti. Muero de ti, amor, de amor de ti, de urgencia mía de mi piel de ti, de mi alma de ti y de mi boca y del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mí, muero de ambos, de nosotros, de ese, desgarrado, partido, me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en mi cuarto en que estoy solo, en mi cama en que faltas, en la calle donde mi brazo va vacío, en el cine y los parques, los tranvías, los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza y mi mano tu mano y todo yo te sé como yo mismo.
Morimos en el sitio que le he prestado al aire para que estés fuera de mí, y en el lugar en que el aire se acaba cuando te echo mi piel encima y nos conocemos en nosotros, separados del mundo, dichosa, penetrada, y cierto, interminable.
Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos entre los dos, ahora, separados, del uno al otro, diariamente, cayéndonos en múltiples estatuas, en gestos que no vemos, en nuestras manos que nos necesitan.
Nos morimos, amor, muero en tu vientre que no muerdo ni beso, en tus muslos dulcísimos y vivos, en tu carne sin fin, muero de máscaras, de triángulos obscuros e incesantes. Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo, de nuestra muerte, amor, muero, morimos. En el pozo de amor a todas horas, inconsolable, a gritos, dentro de mí, quiero decir, te llamo, te llaman los que nacen, los que vienen de atrás, de ti, los que a ti llegan. Nos morimos, amor, y nada hacemos sino morirnos más, hora tras hora, y escribirnos y hablarnos y morirnos.
No es que muera de amor, muero de ti. Jaime Sabines

Yo no lo sé de cierto, pero supongo que una mujer y un hombre algún día se quieren, se van quedando solos poco a poco, algo en su corazón les dice que están solos, solos sobre la tierra se penetran, se van matando el uno al otro.
Todo se hace en silencio. Como se hace la luz dentro del ojo. El amor une cuerpos. En silencio se van llenando el uno al otro.
Cualquier día despiertan, sobre brazos; piensan entonces que lo saben todo. Se ven desnudos y lo saben todo.
Yo no lo sé de cierto pero supongo. Jaime Sabines

Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te amo. Trato de decir a oscuras todo esto. No quiero que nadie se entere, que nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la estancia, loco, lleno de ti, enamorado. Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote. Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita mi corazón amordazado. Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo incansablemente, y estoy seguro que habrá de amanecer.
Tu Nombre, Jaime Sabines

Te quiero porque tienes las partes de la mujer en el lugar preciso y estás completa. No te falta ni un pétalo, ni un olor, ni una sombra. Colocada en tu alma, dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo, leche de luna en las oscuras hojas.
Quizás me ves, tal vez, acaso un día, en una lámpara apagada, en un rincón del cuarto donde duermes, soy una mancha, un punto en la pared, alguna raya que tus ojos, sin ti, se quedan viendo. Quizás me reconoces como una hora antigua cuando a solas preguntas, te interrogas con el cuerpo cerrado y sin respuesta. Soy una cicatriz que ya no existe, un beso ya lavado por el tiempo, un amor y otro amor que ya enterraste. Pero estás en mis manos y me tienes y en tus manos estoy, brasa, ceniza, para secar tus lágrimas que lloro.
¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras me dirás que te amo? Esto es urgente porque la eternidad se nos acaba.
Recoge mi cabeza. Guarda el brazo con que amé tu cintura. No me dejes en medio de tu sangre en esa toalla.
Te quiero porque tienes las partes de la mujer. Jaime Sabines

Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan. Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, llorando porque no salvan al amor. Les preocupa el amor. Los amorosos viven al día, no pueden hacer más, no saben. Siempre se están yendo, siempre, hacia alguna parte. Esperan, no esperan nada, pero esperan. Saben que nunca han de encontrar. El amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro, el otro. Los amorosos son los insaciables, los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento. Tienen serpientes en lugar de brazos. Las venas del cuello se les hinchan también como serpientes para asfixiarlos. Los amorosos no pueden dormir porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la obscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos, sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas. Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas, a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida. Y se van llorando, llorando la hermosa vida.
Los Amorosos, Jaime Sabines


Lento, amargo animal que soy, que he sido, amargo desde el nudo de polvo y agua y viento que en la primera generación del hombre pedía a Dios.
Amargo como esos minerales amargos que en las noches de exacta soledad —maldita y arruinada soledad sin uno mismo— trepan a la garganta y, costras de silencio, asfixian, matan, resucitan.
Amargo como esa voz amarga prenatal, presubstancial, que dijo nuestra palabra, que anduvo nuestro camino, que murió nuestra muerte, y que en todo momento descubrimos.
Amargo desde dentro, desde lo que no soy, —mi piel como mi lengua— desde el primer viviente, anuncio y profecía.
Lento desde hace siglos, remoto —nada hay detrás—, lejano, lejos, desconocido.
Lento, amargo animal que soy, que he sido.
Lento, amargo animal que soy. Jaime Sabines

La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como hipnótico y sedante y también alivia a los que se han intoxicado de filosofía. Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, para ser rico sin que lo sepa nadie y para alejar a los médicos y las clínicas. Se puede dar de postre a los niños cuando no se han dormido, y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir.
Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras ver. Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para cuando te ahogues, y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados. Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas.
La Luna, Jaime Sabines

Cuando tengas ganas de morirte esconde la cabeza bajo la almohada y cuenta cuatro mil borregos. Quédate dos días sin comer y veras qué hermosa es la vida: carne, frijoles, pan. Quédate sin mujer: verás. Cuando tengas ganas de morirte no alborotes tanto: muérete y ya.
Cuando Tengas ganas de morirte, Jaime Sabines

Quiero saber de quién es mi pasado.¿De cuál de los que fui? ¿Del ginebrino que trazó algún hexámetro latino que los lustrales años han borrado?¿Es de aquel niño que buscó en la entera biblioteca del padre las puntuales curvaturas del mapa y las ferales formas que son el tigre y la pantera?¿O de aquel otro que empujó una puerta detrás de la que un hombre se moría para siempre, y besó en el blanco díala cara que se va y la cara muerta?Soy los que ya no son. Inútilmente soy en la tarde esa perdida gente.
All our yesterdays, Jorge Luis Borges

DESPEDIDA
Entre mi amor y yo han de levantarse trescientas noches como trescientas paredes y el mar será una magia entre nosotros.
No habrá sino recuerdos. Oh tardes merecidas por la pena, noches esperanzadas de mirarte, campos de mi camino, firmamento que estoy viendo y perdiendo... Definitiva como un mármol entristecerá tu ausencia otras tardes.
Despedida, Jorge Luis Borges

LO PERDIDO
¿Dónde estará mi vida, la que pudo haber sido y no fue, la venturosa o la de triste horror, esa otra cosa que pudo ser la espada o el escudo y que no fue? ¿Dónde estará el perdido antepasado persa o el noruego, dónde el azar de no quedarme ciego, dónde el ancla y el mar, dónde el olvido
de ser quien soy? ¿Dónde estará la pura noche que al rudo labrador confía el iletrado y laborioso día, según lo quiere la literatura? Pienso también en esa compañera que me esperaba, y que tal vez me espera.

EL ENAMORADO
Lunas, marfiles, instrumentos, rosas, lámparas y la línea de Durero, las nueve cifras y el cambiante cero, debo fingir que existen esas cosas.
Debo fingir que en el pasado fueron Persépolis y Roma y que una arena sutil midió la suerte de la almena que los siglos de hierro deshicieron.
Debo fingir las armas y la pira de la epopeya y los pesados mares que roen de la tierra los pilares.
Debo fingir que hay otros. Es mentira. Sólo tú eres. Tú, mi desventura y mi ventura, inagotable y pura.

EL BREVE AMOR
Con qué tersa dulzurame levanta del lecho en que soñaba profundas plantaciones perfumadas, me pasea los dedos por la piel y me dibujaen el espacio, en vilo, hasta que el beso se posa curvo y recurrente, para que a fuego lento empiece la danza cadenciosa de la hoguera tejiéndose en ráfagas, en hélices,ir y venir de un huracán de humo...¿Por qué, después, lo que queda de mí es sólo un anegarse entre las cenizas sin un adiós, sin nada más que el gesto de liberar las manos?
Julio Cortázar

EL INTERROGADOR
No pregunto por las glorias ni las nieves, quiero saber dónde se van juntando las golondrinas muertas, adónde van las cajas de fósforos usadas. Por grande que sea el mundo hay los recortes de uñas, las pelusas, los sobres fatigados, las pestañas que caen. ¿Adonde van las nieblas, la borra del café,los almanaques de otro tiempo? Pregunto por la nada que nos mueve; en esos cementerios conjeturo que crece poco a poco el miedo, y que allí empolla el Roc.
Julio Cortázar

EL FUTURO
En el futuro sé muy bien que no estarás. No estarás en la calle en el murmullo que brota de la noche de los postes de alumbrado, ni en el gesto de elegir el menú, ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes ni en los libros prestados, ni en el hasta mañana. No estarás en mis sueños, en el destino original de mis palabras, ni en una cifra telefónica estarás, o en el color de un par de guanteso una blusa.Me enojaré amor mío sin que sea por ti,y compraré bombones pero no para ti, me pararé en la esquina a la que no vendrás y diré las cosas que sé decir y comeré las cosas que sé comer y soñaré los sueños que se sueñan.Y sé muy bien que no estarás ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo, ni allí afuera en ese río de calles y de puentes. No estarás para nada, no serás mi recuerdo y cuando piense en ti pensaré un pensamiento que oscuramente trata de acordarse de ti.
Julio Cortázar

LA LENTA MÁQUINA DEL DESAMOR...
La lenta máquina del desamor,los engranajes del reflujo,los cuerpos que abandonan las almohadas,las sábanas, los besos,y de pie ante el espejo interrogándosecada uno a sí mismo,ya no mirándose entre ellos,ya no desnudos para el otro,ya no te amo,mi amor.
Julio Cortázar

NO ME DES TREGUA
No me des tregua, no me perdones nunca. Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves. ¡No me dejes dormir, no me des paz! Entonces ganaré mi reino, naceré lentamente. No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni guante; tálame como un sílex, desespérame
Julio Cortázar

UNA CARTA DE AMOR
Todo lo que de vos quisiera es tan poco en el fondo porque en el fondo es todo,
como un perro que pasa, una colina, esas cosas de nada, cotidianas, espiga y cabellera y dos terrones, el olor de tu cuerpo, lo que decís de cualquier cosa, conmigo o contra mía,
todo eso es tan poco, yo lo quiero de vos porque te quiero.
Que mires más allá de mí, que me ames con violenta prescindencia del mañana, que el gritode tu entrega se estrelle en la cara de un jefe de oficina, y que el placer que juntos inventamos sea otro signo de la libertad.
Julio Cortázar

1964
I
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado. Ya no compartirás la clara luna ni los lentos jardines. Ya no hay una luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías. Adiós las mutuas manos y las sienes que acercaba el amor. Hoy sólo tienes la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente) sino lo que no tiene y no ha tenido nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido. Un símbolo, una rosa, te desgarra y te puede matar una guitarra.

II
Ya no seré feliz. Tal vez no importa. Hay tantas otras cosas en el mundo; un instante cualquiera es más profundo y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una oscura maravilla nos acecha, la muerte, ese otro mar, esa otra flecha que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste y me quitaste debe ser borrada; lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo que me queda el goce de estar triste, esa vana costumbre que me inclina al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
Juorge Luis Borges

UN LOBO
Furtivo y gris en la penumbra última,va dejando sus rastros en la margende este río sin nombre que ha saciado la sed de su garganta y cuyas aguas no repiten estrellas. Esta noche, el lobo es una sombra que está solay que busca a la hembra y siente frío. Es el último lobo de Inglaterra. Odín y Thor lo saben. En su alta casa de piedra un rey ha decidido acabar con los lobos. Ya forjado ha sido el fuerte hierro de tu muerte. Lobo sajón, has engendrado en vano. No basta ser cruel. Eres el último. Mil años pasarán y un hombre viejo te soñará en América. De nada puede servirte ese futuro sueño. Hoy te cercan los hombres que siguieron por la selva los rastros que dejaste, furtivo y gris en la penumbra última.
Jorge Luis Borges




LA CASADA INFIEL
a Lydia Cabrera y a su negrita

Y que yo me la llevé al río creyendo que era mozuela, pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago y casi por compromiso. Se apagaron los faroles y se encendieron los grillos. En las últimas esquinas toqué sus pechos dormidos, y se me abrieron de pronto como ramos de jacintos. El almidón de su enagua me sonaba en el oído, como una pieza de seda rasgada por diez cuchillos. Sin luz de plata en sus copas los árboles han crecido, y un horizonte de perros ladra muy lejos del río.
*
Pasadas las zarzamoras, los juncos y los espinos, bajo su mata de pelo hice un hoyo sobre el limo. Yo me quité la corbata. Ella se quitó el vestido. Yo el cinturón con revólver. Ella sus cuatro corpiños. Ni nardos ni caracolas tienen el cutis tan fino, ni los cristales con luna relumbran con ese brillo. Sus muslos se me escapaban como peces sorprendidos, la mitad llenos de lumbre, la mitad llenos de frío. Aquella noche corrí el mejor de los caminos, montado en potra de nácar sin bridas y sin estribos. No quiero decir, por hombre, las cosas que ella me dijo. La luz del entendimiento me hace ser muy comedido. Sucia de besos y arena yo me la llevé del río. Con el aire se batían las espadas de los lirios.
Me porté como quien soy. Como un gitano legítimo. Le regalé un costurero grande de raso pajizo, y no quise enamorarme porque teniendo marido me dijo que era mozuela cuando la llevaba al río.
Federico García Lorca

I Like Americans
By A Foreigner

I like Americans.They are so unlike Canadians.They do not take their policemen seriously.They come to Montreal to drink. Not to criticize.T hey claim they won the war.But they know at heart that they didn't.They have such respect for Englishmen. They like to live abroad. They do not brag about how they take baths. But they take them. Their teeth are so good. And they wear B.V.D.'s all the year round. I wish they didn't brag about it. They have the second best navy in the world.B ut they never mention it. They would like to have Henry Ford for president. But they will not elect him. They saw through Bill Bryan. They have gotten tired of Billy Sunday. Their men have such funny hair cuts. They are hard to suck in on Europe. They have been there once. They produced Barney Google, Mutt and Jeff. And Jiggs. They do not hang lady murderers. They put them in vaudeville. They read the Saturday Evening Post And believe in Santa Claus. When they make money They make a lot of money. They are fine people.
by Ernest Hemingway

Amigo, levántate para que oigas aullar al perro asirio. Las tres ninfas del cáncer han estado bailando, hijo mío. Trajeron unas montañas de lacre rojo y unas sábanas duras donde estaba el cáncer dormido. El caballo tenía un ojo en el cuello y la luna estaba en un cielo tan frío que tuvo que desgarrarse su monte de Venus y ahogar en sangre y ceniza los cementerios antiguos.
Amigo, despierta, que los montes todavía no respiran y las hierbas de mí corazón están en otro sitio. No importa que estés lleno de agua de mar. Yo amé mucho tiempo a un niño que tenía una plumilla en la lengua y vivimos cien años dentro de un cuchillo. Despierta. Calla. Escucha. Incorpórate un poco. El aullido es una larga lengua morada que deja hormigas de espanto y licor de lirios. Ya vienen hacia la roca. ¡No alargues tus raíces! Se acerca. Gime. No solloces en sueños, amigo.
¡Amigo! Levántate para que oigas aullar al perro asirio.
Federico García Lorca

Una tarde en el olímpico de Berlin

Una tarde en el Olímpico de Berlín

Su mejor momento ya había pasado; por un instante fue la estrella que más brilló en el espacio. Ganó todas las copas de mayor prestigio en el mundo con su equipo y con su selección; además de varios reconocimientos individuales.

Pero las lesiones terminaron por agotarlo y marginarlo de las canchas por varios meses. Nadie pensó que estuviera al nivel para jugar otro mundial. Mucho menos para ser el capitán de su equipo. Mismo que había batallado para clasificar al mundial y que había empezado mostrando un nivel de juego bastante mediocre. Sin embargo, el equipo respondió correctamente y fue mejorando a lo largo de la justa. Eliminaron al antiguo campeón, eterno favorito, y a su vecino del sur que había mostrado todos los argumentos suficientes para ganar la copa.

La mejoría en su nivel de juego había sido notable desde que el equipo llegó a cuartos de final, se sentía mucho más suelto, pero más importante: él estaba jugando fenomenalmente, no corría mucho, ni retenía el balón por mucho tiempo, pero cómo se movía sin el balón, siempre abriendo espacios para sus compañeros. Aún a su edad era alguien tan peligroso que siempre tenía un defensa encima. Indudablemente, el buen futbol que había en la cancha pasaba por sus píes.

Cuando tenía la bola la guardaba por unos instantes para cederla inmediatamente al compañero que pudiera hacer mayor peligro en el equipo contrario. Su mote de: el mago de las canchas no era en balde. Daba gusto verlo jugar: con elegancia, con pausa, inteligencia y gran peligro en cada pase y tiro que daba.

Era la tarde del día antes de la gran final. El sol se iba metiendo lentamente y la especulación crecía. Él esperaba sentado en una mesa frente a la ventana viendo tranquilamente cómo se metía el sol. Había estado pensando todo el día, sabía que podían ganar el partido del día siguiente, no iba a ser fácil. Ambas selecciones tenían una justa causa por la cual luchar: una quería lavar el orgullo de su país y demostrar que a pesar de los escándalos de corrupción entre directivos y árbitros, los jugadores italianos estaban por encima de la política, de las instituciones y de toda la mierda que existe en los grandes negocios. Por otro lado, su selección jugaba para él, querían brindarle el mayor homenaje que le pudieran brindar al mejor jugador de la historia de su país: que se retirará campeón del mundo.

Él había dicho que se retiraría después que terminara el mundial. Muchos analistas y críticos decían que no tenía la categoría para que lo nombraran entre los grandes como Beckenbahuer, Maradona, Pele y Di Stefano; el argumento principal es que no era un hombre capaz de echarse el equipo al hombro y sacarlo adelante en momentos difíciles. Él mismo se lo preguntaba.

Esa tarde había llegado ante esta pregunta: ¿retirarse campeón o no? La primera opción le permitiría terminar su carrera como en película de Hollywood donde todos acaban felices y el “gran veterano” libra una última batalla desgarradora ante la cuál, contra todos los pronósticos se levanta campeón. Así, sería un nombre más en la lista de los grandes; el último gran jugador del siglo XX. Al terminar la puesta de sol sonrió. Sabía que el mundo del futbol lo iba a recordar como una leyenda. Probablemente se haría alguna película vulgar y comercial sobre su vida y éste épico momento.

Empezó el partido, era una tarde gloriosa en el Olímpico de Berlín, el mago, portando el emblemático número diez en la espalda, piso el césped con una tímida sonrisa. Empezó el juego, no habían pasado 10 minutos cuando decretaron un penalti a su favor. Los aspavientos de los azurris no se dejaron esperar; pero no había nada que hacer más que esperar el cobro. El Mago pisó el área chica y mientras acomodaba el balón la misma sonrisa tímida se volvió a asomar en sus labios. Sabía que estaba ante uno de los mejores porteros del mundo, pero no tenía ninguna duda: lo iba a superar. Se echó dos pasos para atrás para tomar impulso. Escuchó el pitido del árbitro indicando que se cobrara el penal, vio a su contrincante y corrió hacia el balón; solamente para detenerse antes de patearlo. Nadie creía lo que estaba viendo – emulando a los grandes de todos los tiempos: se detuvo antes de patear para que el portero se tirara antes- el portero se había lanzado pero el seguía frente al balón, solo para rematarlo con gran potencia en ese instante. La sopresa fue aún mayor, la pelota pegó en el poste, rebotó adentro de la raya y salió.

El ya corría para festejar el gol, sin embargo, redujo su carrera, la duda lo obligó a ver al juez de línea y cuando vio que daban el gol por bueno; él, medio estadio y todo un país lo gritaron a todo pulmón. A partir de ese momento los italianos se abalanzaron para conseguir el empate y no tardaron en conseguirlo. A partir de ese momento él y su equipo demostraron elegancia e imaginación, se escurrían entre los defensas italianos generando todo tipo de oportunidades pero el gol no caía.

Agotado el tiempo regular pasaron al tiempo extra. ¿Qué podía hacer para que las cosas salieran como las había planeado? El juego y el espíritu de sus compañeros lo arrojaban para adelante. El estadio entero esperaba una genialidad más, querían verlo levantar la copa. Y él lentamente iba cediendo a las expectativas, a la inercia del momento, no sólo él, también los italianos quienes, hacía el final, inconscientemente, habían adoptado el papel de los malos en la película de Hollywood. De repente, el embate francés se hizo sentir por la banda derecha, parecía uno más de sus intentos fallidos, sin embargo cuando mandaron el centro él ya estaba listo para rematarlo con la testa. El estadio volvió a callar por un momento y dejo escapar un grito de decepción cuando el letal desvió fue tapado por el portero italiano.

En ese momento, siempre con la cabeza fría se dio cuenta de que se estaba dejando llevar por la pasión del juego, que se alejaba de su plan. Volteó a ver el reloj y vió con preocupación que el juego se iba a definir en penales: lo que habían estado buscando los italianos desde el arranque. Nada le irritaba más: un final dramático, típico de Hollywood: el equipo del veterano lucha hasta el final y la contienda se define en penales, donde nadie iba a fallar, él iba a ser el último tirador oficial de su equipo, le susurraría algo al balón antes de tirar, anotaría, finalmente su portero atajaría al último tirador de los azurris y levantaría la copa por última vez.

Él no quería ser recordado como un cliché. Quería desconcertar al mundo, quería rebelarse ante esta imagen de elegancia, el putito siempre caballeroso y elegante. El tiempo corría, cada vez era más difícil lograr su plan. En ese momento, un embate francés más que acabó en las manos del arquero le dio la oportunidad. Escuchó cómo despejaba el portero italiano. En ese momento mientras trotaba de regreso, detrás de él, uno de los defensas -que más patadas le había dado a lo largo del partido- le dedicó unas palabras. Entonces vio su oportunidad, no lo pensó se volteó en ese instante y lo embistió con su cabeza cual carnero.

Pasó lo que tenía que pasar, una tarjeta roja vio la luz. La bancas se enardecieron, una bola alrededor del árbitro y el mejor jugador de los últimos tiempos se retiraba hacia los vestidores expulsado. Con lágrimas en los ojos iba pensando: ¿por qué tomé esta copa tan amarga? Me salve de la inmundicia y vulgaridad de las leyendas, nunca mencionarán mi nombre entre los demás. Nunca seré parte de un grupo, ni he querido serlo. Prefiero mi individualidad ante cualquier cosa, seré un sujeto controversial, una de las historias más intrigantes del futbol. Eso para mí es suficiente. Mi país, mi equipo: no me importan. Soy la persona más importante y mi excusa ante ellos es un simple error humano, no soy un Dios. Todos podemos cometerlo. Decían que no me puedo echar un equipo al hombro, ja! Pues vean como me lo llevo para abajo.

Las aventuras del niño tiburón: falsa alarma

Las Aventuras del Niño Tiburón

Se llamaba Ricardo, algunos le decían Ricky o Riquiti. Era un jovencito de 13 años, de cabello rubio y rizado. Fue el penúltimo de una familia de 6 hermanos, 3 niños y 3 niñas. Desde pequeño se vio involucrado en todo tipo de problemas. Cuando tenía 5 años sus papás los llevaron a la boda de una de sus tías en el hotel Sheraton de la Ciudad de México.
Cuando se es niño lo que más le aburre a uno es ir a ceremonias relacionadas con la iglesia, bautizos, primeras comuniones, confirmaciones y, por supuesto, bodas. Vestirse como un sozo, todo de blanco, con huaraches y su madre peinándolo por horas era el martirio previo a la católica comunión. Al pequeño Riquiti nada le desesperaba más que tener que estar media hora, a veces una entera, sentado en una banca incomoda de madera, sentándose y parándose cuando se lo dijera un extraño con sotana. Su madre sabiendo lo travieso que era siempre le ordenaba que se sentara junto a ella para poderle dar un buen pellizco si las cosas se salían de control. Así que el pobre Riquiti se pasaba toda la misa retorciéndose en su lugar cual lombriz salada. Apenas terminaba se le escapaba de la mano de su madre y salía corriendo hacia el patio con su hermano favorito, Nachito, quien era, exactamente, un año mayor que él.
Él era su compañero inseparable en todas sus aventuras. Sin embargo, Nacho había salido a la mamá, moreno, de pelo negro, nariz pequeña, pocas palabras y puntual como un reloj suizo cuando se trataba de la comida. Cuando Riquiti todavía no había nacido, el pequeño Nacho se levantaba temprano en la mañana y se sentaba en la mesa de la cocina a esperar el desayuno. Cuando la Nana le preguntaba:
- ¿Qué va a querer Nachito para desayunar?
Nacho contestaba con señas. Ponía su puño en el aire y lo abría súbitamente. A lo cual la nana contestaba:
- Ahh! Un huevito para el nene.
Y Nacho sonreía complacido.
Ese día, de camino a la boda, en una combi sin aire acondicionado, muy pocas ventanas, un calor endiablado y un calor directamente proporcional, la conversación era algo así:
- ¡Ay amor!, ya vamos tardísimo, no vamos a llegar a la ceremonia. No te vayas a ir por ninguno de tus atajos. ¡Toma el periférico y ya!
- ¡Pero el periférico va a estar llenísimo! Sábado a las 12 del día… Bueno, como tú quieras.
- ¿! Qué!? ¡Ya son las doce! ¡Apúrale!
- ¡¿Mamá porqué le pusiste el vestido rosa a Mariana?! Dijo Margarita.
- ¡Porque ya no te queda mijita! Te lo dije.
- Si ma, pero el rosa es mi color favorito.
- Mi vida, pero el azul también es un color muy bonito.
- ¡Si pero Jorge dice que es de niño! (Jorge era el mayor de los hermanos y tenía 10 años en ese momento).
- ¡Margarita es un niño! ¡Margarita es un niño! Coreaban Nacho y Riquiti desde el fondo del coche.
- ¡Mama! ¡Míralos, me están molestando!
- ¡Jorge!, gritó su mamá. ¿! Tú le dijiste a Margarita que el azul es de niños?!
- No mamá.
- ¡Pobre de ti si me estas mintiendo!
- No mamá, en serio, sólo le dije a Nachito y a Riquiti; pero nunca se lo dije a Mariana.
Y mientras este era el tono de la plática en el coche de la familia Stern, Riquiti se divertía jalándole el pelo a su hermana Margarita. El pensaba: no es justo que Margarita le haya quitado el vestido rosa a Mariana, así que yo tengo que compensar las cosas jalándole el pelo. Apenas le empezó a jalar el pelo cuando Nacho ya lo estaba imitando; ambos se reían de su diablura, pero trataban de hacer el menor ruido posible. Si su madre los escuchaba sabían que serían castigados; en especial porque le había tomado mucho tiempo peinar a sus hermanas. Cuando no le jalaban el pelo a Margarita, apachurraban a la pequeña Tessa, que iba entre los dos. Para solucionar el problema la mamá dijo:
- A ver Ricardo, tu siéntate acá adelante conmigo; y sí tú Nacho sigues molestando a Margarita te bajamos la próxima vez que se pare el coche. ¿Y a ver cómo llegas a la casa? Esa amenaza nunca fallaba. Era el indicio de que mamá estaba verdaderamente enojada. Últimamente había adquirido mayor peligro la amenaza ya que una vez todos los hermanos vieron como bajaban a Jorge del coche. Pero en verdad los papás sólo hacían esto cuando estaban muy cerca de la casa y Jorge ya conocía el camino. Más adelante modificaron el castigo, y a veces bajaban a alguno de los niños, daban una vuelta a la manzana y lo volvían a recoger.
Después de la ceremonia fueron a la comida. Esto era el colmo para Riquiti, ropa de sozo, sermón incomprensible y encima de todo baile!!! Cómo era de esperarse, cuando los niños terminaron su postre todos pararon de la mesa y salieron a jugar en el pasillo; las niñas se quedaron. Riquiti no entendía porque sus hermanas se emocionaban tanto de los bailes, las ceremonias y los vestidos.
El pasillo tenía alfombras rojas y paredes blancas, varios salones (además del de la boda) con mesas entre ellos (sobre las mesas podía haber un sofisticado arreglo floral, un enorme espejo o ambos), elevadores, escaleras y baños. Además de sus hermanos estaban sus primos, Rodolfo, quién era más o menos de la misma edad que Jorge, Federico, quien tenía 8 años y la pequeña Tessa, la menor de sus hermanas, quien tenía apenas 4 años. Jugaron a las trais y a las escondidillas hasta que los mayores se aburrieron. Así que se congregaron a platicar alrededor de una palanca roja empotrada en la pared. Rodolfo le dijo a Jorge:
- ¿Sabes qué es eso?
- Claro, tonto, es la alarma, ¿no ves que ahí dice?
- ¿Dónde? Pregunta Federico. Y Jorge se lo señaló.
En ese momento llegaron los pequeños y Riquiti increpó a Jorge:
- Vamos a jugar otra vez.
- Ahorita no, espera.
- ¿A qué?
- A que alguien jale la palanca. Respondió Jorge. ¿Saben qué es?
- No. Dijeron Riquiti, Nacho y Tessa.
- ¿Y se atreven a tocarla? Ricardo y Nacho se voltearon a ver con inocencia e incertidumbre en sus ojos.
- ¿Por qué, qué pasa si la tocas? Preguntó Nacho.
- Nada. Respondió Jorge. Mira. Y toco la punta de la palanca con el dedo índice.
- ¿Se atreven a tocarla como yo? Preguntó Rodolfo, mientras la rozaba superficialmente y hacía como si la fuera a empujar para abajo. Ricardo y Nacho se volvieron a ver y después voltearon sus ojos hacia el hermano mayor, quien meneo la cabeza de forma negativa sin decir nada.
- A ver. Dijo Federico, mientras imitaba el movimiento de Rodolfo.
- Ahora tu Jorge. Dijo Rodolfo.
- ¿Para qué? Respondió él.
- ¿No te atreves?
- Claro que si. Mira, y al terminar de rozar la palanca agregó un giro sobre su propio eje, mismo que fue recibido con una exclamación por todos.
- ¿Y ustedes? Preguntó Federico a los menores.
- ¿O qué, no se atreven? increpó Rodolfo.
- No alcanzan, dijo Jorge, déjenlos.
- ¿Cómo que no alcanzan? Si se paran de puntas claro que llegan, dijo Rodolfo.
- No, no alcanzo, dijo inmediatamente Nacho.
- ¿Y tú? Le preguntó Federico a Riquiti. O ¿tampoco te atreves? Ricardo volvió a mirar a Nacho y después a Jorge. Los dos hermanos mayores sabían que ya tenía la excusa: no alcanzaba. Por lo tanto no dijeron nada, simplemente vieron al menor de sus hermanos sin decir nada; pensando que era implícito que si el mediano no alcanzaba el menor tampoco.
En ese momento, ante la sorpresa de todos, Riquiti dio un paso adelante, se paró de puntas, estiro su brazo lo más que pudo y tocó la punta de la palanca con su mano. Todo parecía que había salido bien, sin embargo, cuando se bajó de sus puntas, por reflejo, flexionó sus dedos y accionó la palanca. Todos los primos salieron corriendo en diferentes direcciones; excepto Riquiti y Tessa que se quedaron viendo la palanca. Después de unos instantes, al ver que no había pasado nada se congregaron alrededor de Ricardo.
En ese momento llegaron los encargados de seguridad del hotel. Cinco hombres vestidos de traje, morenos con walkie-talkies. Preguntaron: ¿Quién jaló la palanca?, con un tono de molestia y seriedad. Con el tono de alguien que trabaja para vivir al día y no por placer.
Los primos guardaron silencio. Y los guardias volvieron a preguntar, más enojados: ¿Quién jaló la palanca? O nos dicen o los acusamos a todos. Mientras veían con mayor rencor a Jorge y a Rodolfo.
El grupo permanecida unido. Jorge pensaba que nadie iba a acusar a su hermano. Pensaba que eran un batallón de soldados atrapados por el enemigo, y estaban enfrentando un interrogatorio. Estaba seguro en la lealtad de la familia. Sin embargo volvió a suceder algo que no tenía previsto. La presión quebró a la pequeña Tessita, quien con temor y nervios en su voz exclamo:
- ¡Fue Ricardo!
- ¿Quién es Ricardo? Preguntaron los de seguridad, pensando que se iban a ir sobre Jorge. Cuando de pronto todos señalaron al menor de los niños.
Los guardias se voltearon a ver entre ellos. Sabían que no podían acusar ni ser muy severos con un niño de 5 años. Y le dijeron: Llévanos con tu papá.
Los papás de Ricardo se sorprendieron de verlo llegar acompañado por los encargados de seguridad del Hotel. Ellos les explicaron la situación; gracias a que la música de la fiesta estaba muy alta ninguno de los invitados había escuchado a la alarma, inclusive, es probable que alguno que otro haya bailado a su ritmo. Esta era una alarma que sólo se escuchaba en los cuartos, salones de fiesta, restauran y recepción. Tuvieron suerte de que en el salón de fiestas no se hubiera generado la misma reacción que en todo el hotel, sino seguramente hubiera habido alguna viejita que terminara en el suelo con un hueso roto debido a una salida en estampida. Y tuvieron mucha suerte de que no hubiera mucha gente hospedada ese fin de semana. En total había como 30 huéspedes en el hotel, la mitad había salido por la tarde y la otra mitad había salido muy asustada. Así que como no pasó nada grave disculparon al pequeño diablillo y los del hotel no multaron a los padres del muchacho. Claro que fue reprendido al llegar a casa, pero a la larga se convirtió en una anécdota clásico de familia, en las cenas de navidad, de vez en cuando todavía nos reímos de lo sucedido. Esta fue la primera de muchas aventuras que vivió mi hermano a lo largo de su infancia. El relato de estas componen las aventuras del niño tiburón.


Roberto Gerhard